A pesar de que soy un fan acérrimo de
Metal Gear Solid, no soy partidario de las fuerzas armadas. De hecho, cuando me tocó presentarme a la milicia, no podía entrar porque estaba entrando a la Universidad, así que me salvé hasta el día en que entremos en guerra. Ahí me tomarán y me dirán que esto es como en el Worms Armageddon, pero sin
burro de hormigón.
Pero para estar en la guerra hay que tener más que sólo ganas de
disparar como un desenfrenado, también se necesita cerebro. Si,
escuchaste leíste bien, también se usa el coco. ¿Y cómo sabemos qué tanto usas la mollera? Pues con las pruebas del
sitio web del Försvarsmakten.
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